cap. 19.- INFILTRACIÓN ECOGUIADA DE LA ARTICULACIÓN SACROILÍACA

INTRODUCCIÓN
La articulación sacroilíaca (ASI) es responsable del 10% al 27% del dolor lumbar bajo de origen mecánico.

Debido a la complejidad anatómica de la articulación, la técnica de inyección articular es difícil, con una tasa de éxitos de solo el 22% cuando se usa una técnica a ciegas. Con el empleo de la guía ecográfica la tasa aumenta hasta cerca del 80%, alcanzando tasas del 100% si además de la ecografía se tienen en cuenta referencias anatómicas o se emplea una técnica de imagen multimodal, con fusión de imágenes de ecografía con las de tomografía computerizada o resonancia magnética.

INDICACIONES

A lo largo del tiempo, la ASI ha sido considerada como causa de lumbalgia en el diagnóstico diferencial del dolor lumbar. Sin embargo, desde que en 1934 Mixter y Barr describieron la hernia discal lumbar como origen de dolor de espalda, el modo de diagnosticar el síndrome de articulación sacroilíaca (SASI), que se define como dolor proveniente de la articulación sacroilíaca, se ha realizado por exclusión, basándose más que en sintomatología o en hallazgos clínicos, en la respuesta positiva al tratamiento con inyección de anestésico local dentro de la articulación.

Los pacientes con SASI, refieren principalmente dolor en la nalga, aunque también se pueden encontrar patrones de dolor referido a nivel del área lumbar alta, muslo, pierna y pie, aislados o en diversas combinaciones de irradiación con frecuencias de presentación variables (Tabla I).

La exploración de la ASI está orientada a realizar maniobras que provoquen dolor o movimientos anómalos, habiéndose descrito con tanta diversidad como tipos de terapia implicados en su tratamiento. Sin embargo, varios autores hacen hincapié en que la sensibilidad y especificidad de estas maniobras por sí mismas o en combinación, son bajas a la hora de establecer un diagnóstico de certeza.

Asimismo, la utilización en el diagnóstico de SASI de pruebas de imagen como la Rx de sacroilíacas, TAC, RMN, SPECT, o la gammagrafía ósea no aportan datos concluyentes al diagnóstico en la mayoría de los casos, aunque si aportan información sobre otras patologías cuya sintomatología puede confundirse con un SASI, ayudando en el proceso de diagnóstico diferencial.

A la vista de lo anteriormente expuesto, podemos concluir que las inyecciones diagnósticas de la ASI, son el método diagnóstico por excelencia. El objetivo de este capítulo es el de mostrar una descripción de la anatomía de la ASI, y los posibles abordajes ecográficos para el tratamiento intervencionista de esta articulación.

 

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